jueves, 27 de junio de 2013

Jet Set Willy


He cambiado el aspecto del blog varias veces, pero el amigo Willy sigue ahí arriba desde el primer día. Que sea la imagen de la cabecera tiene un motivo y como me parece que esta va a ser su penúltima vida, ha llegado el momento de hablar de él y explicar su significado.

La primera vez que toqué un ordenador personal fue en casa de un amigo y compañero de clase. Aquel chico tenía un Sinclair ZX Spectrum 16kB y al teclear un código hacía funcionar el videojuego que llevaba por nombre Manic Miner. Trataba la aventura de un minero que iba sorteando trampas y obstáculos, una pantalla tras otra. Aquel minero se llamaba Willy.

Volví a encontrarme con Willy un par de años después, aunque esta vez en un juego para mi MSX. Se había hecho de oro en aquella mina y vivía en una mansión, pero ya sabemos cómo son los nuevos ricos, con su ordinariez y sus excesos. El caso es que el tío había dado una fiesta y allí se organizó un auténtico desmadre. ¿Las consecuencias? La casa hecha unos zorros y su mujer un basilisco. Tan enfadada estaba la señora que no le permitía volver a la cama hasta que no arreglara el estropicio.


Jet Set Willy es un videojuego de plataformas, como su antecesor, pero con la notable diferencia de que las pantallas no se juegan en un orden sucesivo. La mansión de Willy es un laberinto de habitaciones en el que podemos tomar diferentes caminos, así que en cierta manera podríamos decir que el juego es de un estilo similar a lo que unos años más tarde se bautizaría como metroidvania.

Un puzle de escenarios que simulaban ser las estancias de una gran residencia era algo muy curioso en 1984. Sin embargo, la idea más divertida que tuvo Matthew Smith, autor de Jet Set Willy, fue llenar la casa de enemigos a cual más inverosímil, con la excusa de que su apariencia era debida a un experimento fallido del antiguo propietario, aunque yo siempre he pensado que todo era efecto de las drogas que había consumido Willy. Este fue el argumento que permitió hacer un videojuego surrealista, en el que nos encontramos con cosas tan extravagantes como hojas de afeitar danzarinas, aspiradoras descontroladas, invitados con aspecto de lanceros o pájaros asesinos, por poner algunos ejemplos, y donde hasta la taza del retrete es mortal.


Estos enemigos y unos cuantos más, junto con las trampas de pinchos que se han convertido en clásicas de los juegos de plataformas, son los peligros que nos complican la tarea de contentar a la mujer de Willy. Nuestro objetivo consiste en arreglar el desastre, por resumirlo de algún modo, recogiendo una multitud de objetos repartidos por toda la mansión y volviendo al dormitorio. La cuestión es que en la práctica esto parece poco menos que imposible, debido a la gran dificultad del juego.

La casa es inmensa y los enemigos pueblan las pantallas y se mueven siguiendo una ruta cíclica, de ida y vuelta, como si fueran vigilantes haciendo su ronda, pero cada uno a diferente velocidad. Por otra parte, el salto de Willy es lento y su trayectoria no se puede variar. Esas circunstancias nos obligan a planear los movimientos con sumo cuidado porque se necesita mucha precisión para esquivar los peligros. El problema es que cualquier roce resulta mortal para Willy y a pesar de que empezamos la partida con quince vidas, se pierden con rapidez. En cualquier caso, lo divertido de Jet Set Willy era intentar llegar cada vez un poco más lejos, descubriendo nuevas pantallas.


Es difícil valorar un juego como Jet Set Willy hoy en día. Hace treinta años era una gran aventura, pero con el tosco control del personaje y la simpleza de las trampas y enemigos no ha envejecido bien. Aún así, visto con los ojos de otra época, no ha dejado de ser uno de mis referentes y sería injusto que lo juzgara sin tener eso en cuenta. Haber jugado a Jet Set Willy en una etapa inocente de mi vida, cuando no era más que un crío, marcó mis gustos futuros haciendo que me enamorara del género de las plataformas. Por ese motivo no lo puedo puntuar con una nota, como suelo hacer al acabar mis análisis. Mi intención, en realidad, buscaba más ser un homenaje a un gran recuerdo que una crítica al uso.

9 comentarios:

  1. has tardado mucho en hacerle la entrada, pero por fin lo has hecho, sabía que llegaría la entrada de Toejam & Earl, esta de Jet Set Willy y estoy seguro de algunos más que tarde o temprano si sigues con el blog acabrán apareciendo por aqui ;)

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    1. En realidad ya he hablado de todo lo que me había propuesto. Este me lo guardaba para el final.

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    2. Todo tiene un final. En el próximo artículo lo explicaré.

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  2. "me parece que esta va a ser su penúltima vida"

    Vaya, hombre :(.

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  3. Yo como creo que te he dicho alguna vez tuve un msx (fue mi primera "consola") pero era muy pequeño y no tuve más de cuatro juegos heredados, realmente yo soy de la generación nes, así que aunque he jugado a muchos juegos de msx y spectrum (en casa de mis primos mayores) la mayoría me son desconocidos y a Jet Set Willy no he jugado nunca, y digo más creo que ni lo conocía hasta que conocí tu blog.

    Ahora vamos a lo importante: ¿Que es eso de la penúltima vida, y de que todo tiene una final? ¿no me digas que abandonas cyber2-blog? Tengo que ser gafe porque todos los blogs que me gustan y visito con frecuencia quedan abandonados. Esperaré a la próxima entrada para lo aclares pero me huele a que te han ofrecido poder escribir en alguna página con más repercusión y has aceptado.

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    1. El otro día que hablábamos de juegos difíciles me acordaba de Jet Set Willy. No puedo recomendártelo porque no ha envejecido bien, pero si lo pruebas por curiosidad verás cómo se las gastaban los programadores por aquel entonces. Hay que tener muchísima paciencia para llegar lejos en Jet Set Willy.

      Posdata: Efectivamente, el próximo artículo será de despedida. Ya te lo explicaré.

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  4. Hola,
    Mi nombre es Sara y trabajo en una web de videojuegos. Me gustaría que te pusieras en contacto conmigo.
    Un saludo.
    sara.rodriguez@axelspringer.es

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