Pobre SEGA. Quién te ha visto y quién te ve y sombra de lo que eras. Cuando salió el primer Sonic en 1991, nos dejó con la boca abierta. Primero entraba por la vista, con aquellos coloridos escenarios y un erizo azul encantador y rápido como el rayo. Luego enamoraba por su diseño, alternando los tramos a toda velocidad con otros que requerían un ritmo más pausado. Todo eso, rematado con una banda sonora deliciosa, hizo de Sonic The Hedgehog lo que fue, es y será: Un referente intemporal que ha llegado a trascender incluso más allá de los videojuegos.
Las secuelas y versiones posteriores para Mega Drive, Mega CD, Master System y Game Gear, conservaron en buena medida la magia de su predecesor y en consecuencia, el favor del público. En cambio, con el devenir del tiempo y el mercado, empezaron a torcerse las cosas para SEGA y también para su buque insignia. Primero, al no encontrar el modo de continuar la saga original en Saturn y más tarde, en Dreamcast, al no conseguir reproducir con las tres dimensiones el mismo impacto que con el original.
