Todos guardamos en nuestra memoria los recuerdos de acontecimientos concretos que han supuesto una alegría en nuestra vida, como el nacimiento de un hijo, aquel regalo que nos hicieron cuando éramos niños o una fiesta memorable con los colegas. Son anécdotas que periódicamente volvemos a rememorar y nos hacen esbozar una sonrisa. Por otro lado, muchas personas tenemos una época de nuestra vida que consideramos especial, que por varias razones recordamos con añoranza.
Habitualmente esta época comprende nuestra niñez o adolescencia, por razones obvias: Son vivencias de descubrimientos, de candidez, de vivir la vida ajenos a las preocupaciones y obligaciones de los adultos. En mi caso, si tuviera que elegir un fragmento de mi vida, escogería sin dudarlo los años '80.
Son muchas las razones que hacen especial esa década para mí. Lógicamente en diez años pasan muchas cosas, pero siempre me ha dado la sensación de que en ese periodo concentro más recuerdos que en otros. Meditando sobre esto, llego a la conclusión de que quizá el motivo está en que durante esos años se empezaron a forjar mis gustos y aficiones, que actualmente sigo conservando en la medida de lo posible.
